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domingo, 11 de noviembre de 2012

No siento a Dios cerca...

No siento a Dios cerca...

No siento a Dios cerca...«Parece que esté hablando solo», «es como si le orara a la pared», «Dios me parece muy lejano».
Esta dificultad para sentir a Dios es una de las quejas más frecuentes en la vida cristiana y terreno propicio para las dudas e incluso las crisis de fe si no se entiende bien el problema.
Todos hemos sentido a Dios lejos en algún momento. A algunos les ocurre en la conversión, cuando esperan un sentimiento intenso de la presencia de Dios y se sienten frustrados «porque no me ha ocurrido nada especial».
Por cierto, esta sensación es frecuente en los hijos de creyentes porque su conversión es progresiva, un proceso en el tiempo que hace más improbable la espectacularidad de una conversión repentina como la de Saulo en el camino de Damasco o la del ladrón en la cruz.
Por esta razón, algunos jóvenes llegan a «convertirse» hasta media docena de veces (¡esta fue mi propia experiencia siendo adolescente!) buscando la seguridad de su salvación en unos sentimientos que no llegan. De ahí la importancia de clarificar el papel y la naturaleza de los sentimientos en la vida cristiana, en especial para los jóvenes en la fe.
Otras veces nos ocurre en el período devocional cuando buscamos la comunión con el Señor o incluso estando en la iglesia. Descubrimos como una frialdad, como si la oración fuera un monólogo con uno mismo o como si estuviéramos totalmente solos.

¿A quién afecta este problema?
Empecemos por decir que esta experiencia es universal, afecta a todos los creyentes, incluso a los más maduros y santos. Por ejemplo, los salmistas nos han dejado escrito el testimonio de momentos espirituales cuando Dios les parece un ser lejano e irreal. Al estudiar los Salmos sorprende las veces en las que aparece el adverbio «lejos» referido a Dios.
«Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación?» (Sal. 10:1). «¿Hasta cuándo, Señor, me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?», inquiere David en el Sal. 13:1. Un estudio detallado de los salmos es un filón para conocer los altibajos espirituales de grandes hombres de Dios, en especial del rey David. En los salmos encontramos como un diario íntimo de su lucha por sentir a Dios cerca y experimentar la misericordia y la presencia del Señor. Por ello este libro de la Biblia se ha convertido en un libro de vigencia permanente para todos los creyentes, porque en él vemos, como en un espejo, nuestras propias luchas espirituales.

¿Cuáles son las causas?
En estas ocasiones cuando Dios parece muy distante la causa del problema no está, desde luego, en él. Su proximidad a nosotros no depende de si lo sentimos o no. La sencilla ilustración del sol y la nube es muy útil para entender esta realidad. ¿Brilla el sol en un día nublado? La respuesta es sí. El sol está brillando, pero por encima de las nubes. Se ha interpuesto una nube que me impide verlo y sentirlo, pero la distancia entre el sol y nosotros no ha variado un ápice.
La realidad subjetiva, tal como la veo yo, es que el sol ha dejado de brillar. La realidad objetiva, no obstante, es que el sol sigue brillando exactamente igual que siempre. Si pudiéramos remontarnos hacia arriba, por encima de las nubes, nuestra visión subjetiva cambiaría por completo.
¿Cuáles son estas nubes? ¿Qué causas producen la dificultad para sentir? A veces son causas pasajeras, duran unas pocas horas o días y, luego, desaparecen. Entre ellas destacan el cansancio y el stress. Ambas actúan sobre nuestra capacidad de sentir en general, no sólo espiritual.
El agotamiento, físico o emocional, va a secar nuestros sentimientos. Mientras dure este estado, no podemos esperar otra cosa que dificultades para sentir a Dios. Por tanto, si empiezas a orar y Dios te parece lejano, la primera pregunta que debes hacerte no es: «¿Hay pecado en mí? ¿Me ha olvidado Dios?», sino «¿Estoy cansado?, ¿necesito dormir o comer?».
Un síntoma que suele acompañar al cansancio es la irritabilidad, la dificultad para el autocontrol; nos enfadamos con mucha facilidad cuando estamos cansados. La mayoría de discusiones o roces familiares ocurren al final del día, al llegar a casa después de una jornada agotadora, lo cual nos alerta a no «bajar la guardia» hasta que hayamos descansado un poco. La tensión acumulada durante el día la hacemos salir en forma de agresividad con los que menos culpa tienen.
El estrés también afecta mucho la vida espiritual, sobre todo si se asocia con depresión. Ello es así porque altera nuestra percepción de la realidad, nos hace ver las cosas de forma distorsionada, como unas gafas mal graduadas.
Veamos dos ejemplos de la Biblia: Moisés, en un momento de su ministerio, estaba profundamente deprimido (Nm. 11:10-17). Incluso llega a tener ideas de muerte: «yo te ruego que me des muerte» (Nm. 11:15) le suplica a Dios. La causa de esta depresión severa era su agotamiento emocional: «No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía» (Nm. 11:14). Observemos que Dios no responde a Moisés con reprensión, no hay ni una sola palabra de condena o rechazo. Por el contrario, le proporciona una salida: «Reúneme setenta varones... y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo» (Nm. 11:16-17). La depresión no es en sí misma un pecado, de ahí la actitud comprensiva del Señor. Moisés se sentía agotado y deprimido y ello le impedía ver la realidad tal como era; veía las cosas peor, más negras, entrando así en un fatal círculo vicioso lleno de oscuridad.
El otro ejemplo, en el Nuevo testamento, nos muestra a los apóstoles en una situación emocionalmente parecida a la de Moisés: estaban luchando contra las olas, «remando con gran fatiga», en medio de una fuerte tormenta en el mar de Galilea (Mt. 14:22-33). Era un momento de gran stress porque el oleaje les impedía avanzar y sus vidas corrían peligro.
Jesús, al verles en esta situación límite, «vino a ellos andando sobre el mar» (Mt. 14:25), pero ¡los apóstoles le confunden con un fantasma! ¿Qué les había ocurrido para cometer este notable error de percepción? ¿Por qué se equivocan y gritan «un fantasma»? La abrumadora tensión del momento había distorsionado su visión. Cuán consoladora la actitud de Jesús ante su fragilidad: «¡Tened ánimo; Yo soy; no temáis!»
El stress altera nuestra capacidad para percibir a Dios, y, como los apóstoles, a veces somos incapaces de reconocer al Señor en medio de las tormentas de la vida.
Así pues, nos costará a veces sentir a Dios cerca porque estamos muy tensos o cansados. Un efecto muy parecido produce la depresión. Uno de sus síntomas principales es la dificultad para sentir ilusión o placer. Los sentimientos parecen anestesiados y la persona está desinteresada, apática. Por ello, el deprimido puede confundir la causa de su problema -la depresión- con sus consecuencias, la aridez espiritual. Es importante diferenciar entre ambos a fin de no acumular falsos sentimientos de culpa.
Escuchemos el testimonio personal de una joven en circunstancias de depresión:
«Cuando levantaba mi voz a Dios, sentía como mis propias palabras chocaban en el techo, rebotaban, y se volvían contra mí, aplastándome... ¿Con quién estás hablando? ¿A quién te diriges? ¿No ves que eres hipócrita? ¿No ves que no sientes nada de lo que dices? Eres falsa. Mi voz no podía llegar hasta él. Había como un cristal que me separaba de Dios; yo sabía que él era real, que estaba ahí, pero, sin embargo, me era imposible sentirle, me sentía muerta. Dios era para mí un ser lejano, distante, un Dios ausente, imposible de alcanzar, estaba perdiendo la fe, a la vez que me sentía rebelde contra Dios».
En ocasiones la depresión no se manifiesta de forma pasajera, sino crónica. Se le llama personalidad depresiva. Forma parte del carácter. Tiene síntomas parecidos a la depresión, pero de menor intensidad. Suele remontarse a la infancia y está relacionada con traumas y heridas del ambiente familiar. Un niño que no se siente valorado adecuadamente, al que no se le estimula para tener una autoestima sana, vivirá luego, de adulto, dominado por sentimientos de incapacidad e inferioridad. Tomemos como ejemplo un joven cuyo padre pensaba que su hijo no necesitaba oír frases positivas y de ánimo porque ello le convertiría en un «creído»: «Eres un desastre, no sirves para nada. Siempre serás un inútil». Este era el alimento emocional que recibió este joven. Tales comentarios van forjando en el niño los sentimientos de minusvalía típicos de una depresión crónica.
Es muy importante saber que a la personalidad depresiva le costará sentir el calor y el amor de los demás. Puesto que no ha aprendido a recibir el afecto de su primer amor, padre o madre, le va a costar mucho llegar a sentir el afecto de sus amores posteriores: novio, novia, amigos y Dios mismo. Esta persona no logra sentirse amada; sabe que le quieren, pero no lo siente. Este problema, que puede afectar seriamente la vida matrimonial, también se manifestará en su vida espiritual: Dios le parece siempre lejos porque es incapaz de sentir su amor.
Sabremos que el problema es emocional y no espiritual porque abarca a todas las esferas de sus relaciones, no sólo su vida espiritual. Si el problema estuviera en su relación con Dios, a causa de un pecado por ejemplo, la carencia de sentimientos afectaría sólo esta esfera. Al depresivo le cuesta sentirse amado en cualquier relación un poco profunda.
Observamos, por tanto, cómo los sentimientos son frágiles y están expuestos a oscilaciones frecuentes. Son como un fuego que se apaga o se enciende según las condiciones del tiempo; basta un poco de lluvia para extinguirlo. Por ello no son un termómetro fiable para medir la calidad de nuestra oración ni mucho menos la profundidad de nuestra fe.

¿Qué importancia tienen realmente los sentimientos en la vida cristiana?
Tres consideraciones nos ayudarán a responder a esta pregunta como conclusión al tema:
La fe es una experiencia global: «con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente»
En primer lugar, la vida espiritual, la fe, implica a toda la personalidad humana, no a una sola de sus dimensiones: la voluntad, que se manifiesta en decisiones; la mente, que se manifiesta en pensamientos, y el corazón o las emociones que se expresan en sentimientos. Estas tres partes deben guardar un equilibrio armónico porque ninguna de ellas es mejor o superior a las demás.
La fe debe tener sentimientos; no puede consistir en un ejercicio frío, intelectual. Pero no puede ser sólo emocional porque ello sería como espuma que se desvanece y no permanece.
Lo mismo podríamos decir de la mente y de la voluntad. En la vida de fe equilibrada toda la personalidad está en acción y no sólo una parte de ella. Debemos acercarnos a Dios de la misma forma que se nos pide que le amemos: «con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Mt. 22:37).
Evitando la hipocondría espiritual
En segundo lugar, la fe en general y la la oración en particular no es algo que ocurra sólo dentro de nosotros. No ocurre dentro ni tampoco fuera. Ocurre entre. Es una relación entre Dios y nosotros. Ello debe librarnos de centrar nuestra preocupación sobre el estado interior: «¿qué siento?, ¿cómo estoy?». La mirada debe fijarse en Dios. Cuando dejamos de mirar al Señor para fijarnos en nosotros mismos quedamos expuestos a una tentación sutil de Satanás: la hipocondría espiritual, es decir una preocupación excesiva por mi «salud» espiritual.
Un poco de introspección es buena porque puede proporcionar luz; pero demasiada introspección nos puede convertir en cristianos neuróticos, más pendientes de nosotros mismos que de Cristo. La exhortación de Heb. 12:2, «puestos los ojos en Jesús», es fuente de salud espiritual porque nos libra de caer en un auto-examen excesivo que conduce a la parálisis. C.S. Lewis escribió en su libro «Cartas a un diablo novato»: «Mantén la mente de tu paciente concentrada en su vida interior... que su atención se enfoque principalmente sobre sus propios estados mentales». Este es el consejo que el diablo le da a su aprendiz a fin de hacer fracasar la vida de oración del creyente recién convertido.
Distinguiendo entre sentir a Dios y el sentido de Dios
Por último, necesitamos cultivar la presencia de Dios en nuestra vida. Para ello hemos de distinguir entre sentir a Dios y el sentido de Dios. Son realidades distintas. Sentir a Dios constantemente es imposible porque mientras siento no puedo hacer otra cosa, requiere una atención exclusiva, de lo contrario el sentimiento desaparece. En cambio, desarrollar el sentido de Dios en mi vida es tomar conciencia de la presencia continua del Señor en mí; expresándolo en otras palabras, es tener conciencia de Dios.
Esto constituye una actitud vital. Yo puedo estar inmerso en una tarea absorbente y, por tanto, incapaz de sentir a Dios. Pero sé, soy consciente de que Dios está ahí, conmigo y –a través de su Espíritu- dentro de mí. El monje Nicolás H. de Lorena lo puso en práctica de manera admirable. En medio de sus tareas como cocinero practicaba lo que él llamaba «una conversación con Dios habitual, silenciosa, secreta». Y su consejo era que «debemos desarrollar el sentido de la presencia de Dios conversando continuamente con él».
La Biblia describe esta hermosa realidad espiritual con expresiones como «ser temeroso de Dios» o «vivir en el Espíritu». Dios es tan central en nuestra vida, está tan presente que lo preside todo. Es «caminar con Dios» como hizo Enoc (Gn. 5:24). Es vivir «como viendo al Invisible» (Heb. 11:27). Es requerir la presencia del Señor en nuestro andar diario: «Si tu Presencia no ha de ir conmigo…» (Éx. 33:15). Esta debe ser la meta primera de nuestra fe: vivir con y para Dios, no tanto sentirle cerca. En el momento en que dejes de obsesionarte con los sentimientos, éstos fluirán de manera natural y paulatina.


 fuente:  http://www.jovenes-cristianos.com/

Autor: Dr. Pablo Martínez Vila

La Elección de tu Pareja

La Elección de tu Pareja

Un día alguien escribió:

"Si se quieren, qué ricos los pobres, si no se aman, qué pobres los ricos"(Anónimo).

A menudo me encuentro con jóvenes que tienen dudas sobre su noviazgo y otros, sin embargo, tienen dudas con la elección del compañero/a porque tienen miedo de fracasar.

Todo el mundo desea casarse con la persona idónea que le hará feliz y que durará eternamente, por ello se busca que ciertas características estén en dicha persona. Otros en cambio no tienen en consideración a la elección del chico o de la chica y simplemente lo eligen por su atractivo físico.


Pero QUÉ debemos observar para comprobar y verificar que estamos eligiendo a la persona adecuada, estos son los ítems más importantes:

1. El carácter y la Personalidad: la bondad, el buen humor, la estabilidad emocional, la fortaleza frente a las dificultades, constituyen ejemplos de cualidades deseables. Mientras que la irritabilidad, la falta de control o el pesimismo son rasgos a evitar.

2. La edad: en términos generales la edad no es un obstáculo para el amor, pero sí es verdad que serría más conveniente si tuvieran edades no muy distantes.

3. El nivel educativo: cualquier relación de pareja conlleva a un componente importante como es la comunicación, los objetivos, las actividades, los gustos, el empleo del tiempo libre y todo ello se hace difícil cuando hay grandes diferencias culturales, educativas o socioeconómicas entre ambos.

4. La religión: este aspecto tiene una importancia muy valiosa para el éxito conyugal, porque la creencia religiosa lleva consigo un estilo de vida determinado, unos objetivos, una filosofía de vida que pueden efrentar a la pareja y luego a los hijos que tengan.

5. Compatibilidad: este factor también es muy importante ya que parte del éxito de la pareja depende de si comparten los intereses, los planes de futuro, los valores etc.

6. La compensación: es una parte olvidada por la mayoría de las personas que buscan pareja. Cada uno debe evaluar la relación considerando lo que uno da y lo que recibe en la relación. Si el intercambio es razonable y equitativo, se puede seguir adelante, pero si en la relación sólo aporta uno, esta tenderá al fracaso.

7. El temperamento es también un elemento importante en las relaciones afectivas. Es necesario conocer el temperamento del otro para estar prevenidos sobre las flaquezas y los puntos fuertes. Hablamos de temperamento (y no de carácter o personalidad) a la forma particular de reaccionar de las personas ante las circunstancias de la vida. Este modo de reaccionar viene motivado por el predominio fisiológico de un sistema orgánico, como por ejemplo el sistema nervioso, circulatorio o muscular.

Estimado lector, la elección de la pareja es muy importante para nuestras vidas, tenemos un ejemplo de una mala elección en la Biblia. Sansón, uno de los jueces del antiguo Israel, pasó por una experiencia terrible que le condujo a la muerte.
Se enamoró de una mujer bellísima pero que pertenecía a un pueblo enemistado con el suyo, lo que ocasionó grandes problemas políticos para él y para su pueblo y finalmente su muerte prematura. (Puede ver la historia en Jueces capítulo 13 al 16)
Por ello no es un tema que se deba sobre estimar, si no más bien, considerar y reflexionar bajo la oración y la dirección de Dios, tal y como lo hizo Isaac con la elección de Rebeca (Génesis 24)




Fuente: "Para la pareja, una relación estable para toda la vida" del Dr. Julián Mlgosa y Annette D. Melgosa, Tema 2

 http://www.jovenes-cristianos.com/

Personas con Baja Autoestima

Personas con Baja Autoestima

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. Romanos 12:3
La Autoestima es la opinión emocional profunda que las personas tienen de sí mismas o también se puede decir que es el amor que tenemos hacia nosotros mismos.
La autoestima en un momento determinado puede causar un problema para nuestra vida espiritual, si permitimos que se vaya a un lado o al otro. Pablo lo resumía diciendo: “que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener”.
La autoestima en un momento determinado puede causar un problema para nuestra vida espiritual, si permitimos que se vaya a un lado o al otro, es por eso que tenemos que mantener un nivel de autoestima medio, ni bajo y exageradamente alto, Pablo lo resumía diciendo: “que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener”.
Este día me quiero detener a escribir un poco sobre las personas con baja autoestima.
Personas con Baja Autoestima
El problema de las personas que mantienen una baja autoestima es que siempre tratan de hacerse las victimas: “nadie me quiere”, “no le importo a nadie”, “nadie se preocupa por mi”, “no tengo amigos”, “no soy importante”, etc. Frases como estas son comunes en personas con baja autoestima.
tristemente hay hijos de Dios que aun permiten que la baja autoestima se mantenga en su vida, aun y cuando Jesús pago a precio de sangre por cada uno de ellos, ¿Acaso la sangre de Cristo es poca cosa?, ¡Claro que NO!, entonces, si valemos la sangre de Cristo no tenemos que andar menospreciándonos.
Por lo general las personas con baja autoestima son aquellas que recibieron un trato malo de parte de sus padres, hermanos o familiares, ya que por muchos años han escuchado palabras como: “No sirves para nada”, “Eres un fracasado”, “Nunca llegaras a ser alguien en la vida”, “Eres un inutil”, etc.
Palabras que hirieron fuertemente su corazón y que permitieron que se anidaran en su mente, dichas palabras aun y cuando están en el Señor provocan que no te superes espiritualmente, porque tienes tan impregnado en tu mente que eres “un fracaso”. Cosa que es una total mentira y que el enemigo utiliza para no permitir que te desarrolles en el Señor.
Personalmente opino que un verdadero cristiano no tendría que padecer de baja autoestima, pero la verdad es que hay muchos que aun la padecen, llegan a las congregaciones y jamás sienten deseos de servir, porque piensan que no lo harán bien, que todo les saldrá mal y que no podrán realizar la tarea que les encomendaran.
Errores grandísimos y que no permiten que te desarrolles y crezcas en el Señor.
Hay también personas que su autoestima es tan baja que se siente feos físicamente, que no le agradaran a nadie y por eso pasan los años y jamás tienen una novia y difícilmente formaran un hogar con esa actitud.
La baja autoestima es utilizada por el enemigo para desvincularte de todo propósito de Dios para tu vida. Y es que Dios tiene propósitos para ti y para todos, y claro esta que los propósitos de Dios en la vida del hombre son GRANDÍSIMOS y por esa razón una persona con baja autoestima no puede ver los planes de Dios para su vida, pues el mimos hecho de darse cuenta que son grandísimos le hace pensar que no es capaz de hacerlo.
Y en parte es cierto, humanamente hablando es difícil llevar a cabo los propósitos de Dios, pero que lindo es cuando entendemos que no es por nuestras lindas capacidades que lo lograremos, ni por lo hermoso que seamos o por lo muy buenos que seamos para hacer algo, sino que es por la PURA GRACIA Y MISERICORDIA DE DIOS derramada en nuestra vida.
Amados hermanos, no es posible que mientras Dios tiene planes ENORMES para tu vida, venga el enemigo y te los desbarate haciéndote pensar que no eres merecedor de lo que Dios tiene para ti y que eres incapaz de hacerlo porque eres un derrotado bueno para nada. Es hora de derrotar al enemigo que ha venido por años metiendo en tu mente tanta basura de baja autoestima y que te ha sido obstáculo para crecer en Cristo.
No permitas más, que tus oídos se conviertan en basureros del diablo en donde el este depositando tanto comentario negativo para tu vida y que te hacen creer todo lo contrario a lo que Dios cree de ti.
Dios cree en ti, pues de otra forma no te hubiera llamado, el día que te llamo no te vio como eras, sino como llegarías a ser cuando El te tomara en sus brazos, El vio las capacidades y talentos que hay en ti, vio lo capaz que eras para ser un siervo o una sierva suya. Eres tan valioso e importante para Dios que decidió enviar a su único Hijo a morir por ti y te compro a precio de sangre y no solo eso, envió a un Consolador a que este contigo todos los días de tu vida ayudándote en tu diario vivir.
Es hora que entiendas que has sido llamado a GRANDES COSAS, pero esas grandes cosas solo se logran con una mente y corazón libre de baja autoestima, esa baja autoestima que el enemigo tuvo a bien poner en tu vida durante muchos años pero que en esta hora Dios quiere eliminar de tu mente y de tu corazón para hacerte completamente LIBRE.

Si te sientes identificado con lo que hablo te invito a que hagas esta oración conmigo:

“Señor Jesús, reconozco que tu eres Dios y que moriste en la cruz por mis pecados, que me compraste a precio de sangre y que soy valioso para ti, durante mucho tiempo he vivido atado a la baja autoestima, esa baja autoestima que no me ha permitido crecer en ti y que me ha sido obstáculo para recibir tantas bendiciones de parte tuya, pero hoy renuncio a todo pensamiento negativo que el enemigo halla querido meter en mi vida para manipularme y evitar que tus propósitos se cumplan en mi, desecho todo lo que sea contrario a ti y me declaro TOTALMENTE LIBRE de toda baja autoestima que me ha dañado, ahora reconozco que tu quieres sanar esas heridas que un día me hicieron y que me llevaron a pensar que no tenia valor, mas este día reconozco que soy valioso para ti y que desde ahora en adelante caminare con la convicción firme de que soy UN LLAMADO TUYO y que por esa razón estoy aquí para llevar a cabo todo lo que tu me quieras dar. Declaro que nunca mas el enemigo podrá engañarme, pues soy un príncipe tuyo, me proclamo en VICTORIA y declaro que TODOS los planes que tu tienes para mi vida se CUMPLIRÁN, porque tu así lo has querido. En el nombre de Jesús. Amen.”


fuente:http://www.jovenes-cristianos.com/ .    Autor: Enrique Monterroza

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